lunes, 14 de septiembre de 2015

Protocolo de Kyoto

El Protocolo de Kyoto es casi tan famoso como el agujero de la capa de ozono. Establece unos objectivos modesto para conseguir una reducción de las emisiones de CO2 en torno al 5 por ciento. Sin embargo cuatro naciones-Estados Unidos, Australia, Mónaco y Liechtenstein-se han negado a ratificarlo, pues de hacerlo estarían obligadas a actuar de acuerdo con sus reglas, y el tratado ha sido duramente contestado. ¿Por qué?
Kyoto esta aun dando sus primeros pasos, pero a pesar de la controversia que suscita, no cabe duda de que influirá en todas las naciones durante las próximas décadas.
El camino a Kyoto comenzo en 1985, cuando se presentó, durante un coongreso científico celebrado en Villach, Austria, la primera evaluación fidedigna de la magnitud del cambio climático al que se enfrentaba el mundo. En 1992, durante la Cumbre de la Tierra de Río de Jainero, 155 de naciones firmaron la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que señalaba el año 2000 como la fecha límite para que las naciones signatarias redujeran sus emisiones a los nveles de 1990. Aquel resultó ser exageradamente optimista. Cinco  después de prolongadas negociaciones, los países que habían firmado la Convención Marco se volvieron a reunir en diciembre de 1997 en Kyoto, Japón, y llegaron a un nuevo acuerdo con respecto al reducción de emisiones. El Protocolo de Kyoto, que debía ser ratificado por cada país, establecía dos cuestiones fundamentales: los objectivos de emisión de gases invernadero para los países desrrollados, y el comercio de emisiones de los seis gases invernaderos más importantes, un negocio valorado en 10.000 millones de dólares. Puede que la crítica más condenatoria que se haya hecho del Protocolo de Kyoto sea que es tan ineficaz como un tigre sin dientes. Sus objectivos se limitan a una reducción media de las emisiones de CO2 entre 1990 y 2012 de un mero 5,2 por ciento. La velocidad del cambio climático es ya tal que este objectivo es casi irrelevante. Si hemos de estabilizar el clima, el objetivo de Kyoto debe multiplicarse por doce: se necesita una reducción del 70 por ciento de aquí a 2050 para que el CO2 atmosférico se limite al doble de la época preindustrial. Éste debería ser el reto para fases futuras del tratado. El  Protocolo estableció objetivos distintos para cada país participante, que oscilan entre el 92 y el 110 por ciento. Aunque han ratificado el Protocolo, países en desarrollo como China y la India están exentos de objectivos de emisiones durante la primera fase de puesta en funcionamiento del tratado-hasta el año 2012-. Para el primer periodo fijado en el tratado, que termina en 2012, la Unión Europeadispone de un presupuesto de carbono de un 8 por ciento menos de emisiones que en 1990 y Estados Unidos un 7 por ciento menos. Australia, por lo contrario, tiene un presupuesto de un 8 por ciento más de lo que emitió entonces. Sólo Islandia obtuvo un objetivo aún más generoso, con un aumento del 10 por ciento. ¿Fue éste un resultado justo? ¿Cómo llegó a él?

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